— Hoy ha salido el sol, pero como si no hubiera salido. Lleva días lloviendo y no va a parar nunca. El Yeltes va loco; va a arrancar los árboles y ya veremos si no se lleva el spa por delante. Ya podía llevarse la mina esa con él también. 
Tendría gracia: "eh, señorito, el río se ha llevado tu mina. Te pasa por meterte con la naturaleza."
A orillas del Yeltes, a 70 kilómetros de Salamanca y una hora en coche de Portugal, descansan los 200 habitantes de Retortillo. En pleno Campo Charro, una extensión de tierra fértil protegida por su valor ecológico, los vecinos apuntan orgullosos a los castaños milenarios que dan forma al paisaje de la zona. Cuentan que el uso medicinal del agua del Yeltes está registrado desde los tiempos del Imperio Romano  Hoy, Rertortillo acoge uno de los balnearios más grandes de la región, que añade valor turístico a una zona cuya economía depende enteramente de la ganadería y el cultivo de la tierra. 
En 2017, su pueblo se convirtió en el centro de un proyecto de minería de uranio a gran escala.
"España es el país europeo con mayores reservas de uranio, y el único que tiene reservas en condiciones de explotación. En Retortillo hemos encontrado grandes cantidades de uranio además de las que ya conocíamos. Con este proyecto, podremos minar durante al menos diez años."
En agosto de 2017, Berkeley Energia, un conglomerado energético multinacional, anunció la aprobación de un proyecto de minería para extraer los recursos de uranio de Retortillo. El proyecto contaría con la financiación del Fondo de Reserva General del Estado, el fondo soberano de Omán. En total, 120 millones de dólares americanos. En 2019, Berkeley anunció el descubrimiento de reservas de estaño, litio, tungsteno y cobalto en la zona.
Para llevar a cabo su visión, Berkeley ha comprado y cerrado grandes extensiones de tierra en Retortillo y aprobado la tala de cientos de castaños milenarios para hacer sitio a la mina.
"Es un proyecto ambicioso que reforzará la producción industrial en la zona. Ésta es una región que ha sufrido mucho durante la crisis económica, y hace mucha falta algo así."
— Las familias están divididas. Los padres quieren trabajar en la mina; los hijos, proteger nuestra tierra. Y ya no se hablan.
El proyecto no está libre de problemas. Las plataformas anti-mina y algunos vecinos a pie de calle aseguran que varios funcionarios del gobierno local han recibido pagos irregulares para asegurar las licencias de explotación y mantener a raya a las plataformas que se oponen a la mina. Raquel, la dueña de una pequeña tienda de souvenirs frente al balneario y fundadora de la plataforma Stop Uranio, asegura que la mina contaminará el agua del río, forzará el cierre del balneario y tendrá consecuencias irreversibles para la tierra. Un sábado por la tarde, mientras su madre cuida de la tienda, Raquel busca apoyos en el gobierno de Portugal para detener el proyecto.

Los ganaderos locales temen que la mina contamine el agua y la tierra.

Además de la mina, Berkeley espera construir una planta de procesamiento. No está claro cómo afectaría esta planta al río ni a dónde irían a parar los resudios.

— ¿Pero quién les da derecho? Sesenta y nueve años llevo en este pueblo y mira lo que nos quieren hacer. Nos quieren envenenar. Los ganaderos han trabajado en esta tierra durante siglos. He visto crecer el balneario. No me voy a quedar aquí a ver cómo un tipo con un maletín me lo arrebata todo.​​​​​​​
"Nuestra relación con la población local es excelente. Si no lo fuera, ¿crees que nos habrían vendido sus tierras?"
Desde el inicio del proyecto, Berkeley ha comprado más de 70 fincas a los vecinos de Retortillo, acumulando más de 650 hectáreas. También ha lanzado un proceso para expropiar las fincas de los seis vecinos que se niegan a venderlas.
La población local está en una encrucijada. Mientras unos señalan el valor económico y de creación de empleo del proyecto, otros subrayan su impacto medioambiental y aseguran que los beneficios para la región serán mínimos. Mientras, la tensión entre quienes apoyan la mina y sus detractores es evidente.

Una pancarta que exige la salida de Berkeley de Retortillo, quemada a las puertas de las oficinas de la empresa.

Los graffiti y las señales de protesta abundan, como lo hacen los esfuerzos del gobierno local y de la propia Berkeley por retirarlos.

A graffiti in Retortillo reads "Funeral homes now! The mine is near." Pictured: "Funeral homes now!"

— Te pasas sesenta años trabajando la tierra y rompiéndote la espalda, cuidando de tus hijos, para que un día llame a tu puerta un tipo hablándote de uranio y queriendo comprar tu finca. O te vas, o te quedas y sufres las consecuencias.
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